En el arte se puede experimentar toda la gama de emociones humanas. Se pasa literalmente del lienzo en blanco a la obra de arte, y lo que te conduce de un extremo a otro es tu voluntad de no desistir a la mitad. En el arte como en el yoga, y como en cualquier otra cosa.

Pincha mayurasana es una postura que me encanta, aunque no sé bien por qué. Es una de las posturas que más trabajo me ha dado siempre. Y desde hace días que percibo un retroceso en pincha, mientras que en el nivel emocional experimento toda una gama de emociones que van desde la frustración a la franca determinación.

Un paso para atrás” escuché adentro mío, y a través de esas palabras se filtró una sensación de serena aceptación. Conscientes o no, siempre hay adentro nuestro un Observador que contempla impasible.

Volví a practicarla contra la pared, sólo que esta vez lo hice con la serenidad propia del principiante. Y de repente surgió, como producto de la inspiración, una nueva forma de abordarla. Lo intenté y por primera vez entendí algo del armado de esta postura, que había pasado por alto durante todos los meses previos de entrenamiento.

Un recorrido similar viví con Sirsasana, sólo que en ese momento estaba en India y la “voz”, era la voz de mi maestro.

Creo que hay mucho que puede leerse entre líneas y aprenderse de esta experiencia, pero lo dejaré librado a la intuición del lector. Sólo cerraré recordando a Edison:

Cuando creas que has fracasado, recuerda esto: No es cierto.-

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