Sólo los más cercanos a mí saben que cursé todo mi instructorado con una gastroenteritis recurrente. Débil, cansada, comiendo solamente arroz y todavía desprendiéndome emocionalmente de lo que había dejado atrás, me paraba cada mañana arriba del mat en una sola pieza.

Lo entregaba todo. En cada práctica. Hoy miro para atrás y no sé cómo lo hice. Pero lo que sí sé, es que mi fuerza no era física. Era un tipo de voluntad que nacía del amor y del profundo compromiso que sentía.

Un día, sobre el final del instructorado, mi maestro se me acercó y me dijo que mi práctica era hermosa. Dijo que no se refería a la belleza externa de lo que puede ser agraciado, sino al espíritu que transmitía. Dijo que mi práctica era desde el corazón.

Este sentir profundamente es parte constitutiva de mí. Me ha dado frutos muy dulces en la vida y me ha sostenido cuando no tenía siquiera fuerza física. Pero también ha echado a perder con su intensidad frutos que hubieran necesitado de mi suavidad.

Por aquella época, me encontré accidentalmente con este pasaje(*):

«Está oscuro porque te esfuerzas demasiado. Con suavidad corazón, con suavidad. Tienes que aprender a hacer todo con suavidad. Sí, siente con suavidad aunque sientas profundamente. Deja que las cosas sucedan sin forzarlas, y sin forzarte aprende a lidiar con ellas.» 

Todavía medito sobre estas palabras.

 

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(*) It’s dark because you are trying too hard. Lightly child, lightly. Learn to do everything lightly. Yes, feel lightly even though you’re feeling deeply. Just lightly let things happen, and lightly, cope with them. – Aldous Huxley, The Island (1962)

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