A veces uno se topa en la vida con un rey disfrazado de mendigo.

Estos reyes-mendigos son personas que tienen una gran capacidad para ayudar a otros, y que por cuestiones kármicas pueden vérselas en necesidad en alguna parte de su camino. Quienes les tienden una mano en un momento de necesidad serán recompensados 100 veces más.

Y no lo saben, no tienen ni idea.

Tienden una mano de corazón y desinteresadamente porque ¿quién puede esperar algo de un mendigo? Pero estos reyes –se dice al menos– no tardan demasiado en recuperar nuevamente su plena capacidad. Conocen el corazón humano y saben cómo pueden ayudar más. Y encima tienen buena memoria y una enorme capacidad de gratitud.

De esa desinteresada solidaridad proviene la buena fortuna de esas personas que ayudan a otros en el camino sin esperar nada a cambio, por la sola empatía frente al dolor humano.

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