Entré en el mundo del Yoga por la puerta de la filosofía. Tenía 19 años, muchas preguntas y pocas respuestas. El 22 de Febrero de 2002 (quienes sepan algo de numerología sabrán interpretar el dato), encontré por azar  una sociedad de estudios orientales y religiones comparadas. Allí tomé contacto por primera vez en mi vida con las filosofías y las técnicas meditativas de Oriente. Fueron años de trabajo interno y estudio, y sólo al final de ese período apareció el Yoga como disciplina física. Llegó por un consejo. O llegó en forma de consejo, mejor dicho. Estaba por cumplir 25 años, y para ese entonces ya manejaba el I Ching(*) con cierta destreza. En la víspera de mi cumpleaños consulté el Libro de los Cambios para pedir un consejo. El I Ching respondió que cuando se percibe la escarcha, es porque se aproxima el invierno. Dijo, ya en lenguaje menos metafórico, que el sabio percibe los signos del paso del tiempo, y aún sabiendo que no se puede evitar el envejecimiento, toma medidas para retardar el proceso. Sinceramente esperaba un consejo de otro tipo, pero entendí que cumplir años implica envejecer, y a la semana siguiente empecé yoga. 

Con el paso del tiempo, el yoga fue tomando un rol cada vez más protagónico, y fue la excusa para emprender muchas aventuras. Pero en pocas palabras, esa es la razón por la que practico. Porque me hace bien, físicamente. Naturalmente, el bienestar que se desarrolla por medio de una práctica sostenida se traslada a la esfera mental y emocional como una sensación de serena confianza, de sentirse en el eje.

Y vos por qué practicas? Cuál es tu historia?

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(*) El I Ching, o El Libro de los Cambios, es un libro oracular chino que data aproximadamente del siglo XI a.C. Fue una de las primeras mancias que apareció durante mis años de estudio y que aprendí a manejar con cierta facilidad.

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