India, a través de mis ojos

Contemplaba la escena en silencio. La pira comenzó a arder pero no lloró. Las palabras de quien oficiara la ceremonia resonaban todavía adentro suyo. “Todos tenemos un espacio reservado a seis pies bajo tierra”. El cuerpo ardía, y a ella le parecía que el viento le traía la voz de su abuela. Tenía un tono de voz que era dulce y apacible a la vez. No importaba lo que dijera mientras lo dijera en ese tono. Porque su voz también podía ser severa y categórica. A veces la gente se sorprendía de cómo podía ser tan dulce y tan combativa.

El cuerpo ardió toda la noche y a la mañana siguiente las aguas del Ganges se llevaron sus cenizas. Había pedido ser cremada en Varanasi, y ahora, después de toda una vida de espera, India y ella eran una. Los rituales en India continuarían por unos días más pero para ella todo había concluido. Necesitaba volver a casa. Pasaron meses hasta que por fin abrió el diario. Su abuela había llevado un diario personal desde su misma adolescencia. Su vida entera estaba registrada en aquellas páginas. A decir verdad, no la conocía mucho. Cuando ella nació, su abuela ya estaba instalada en India y sólo la había visto en un par de ocasiones. Podría decirse que conocía a su abuela a través de los ojos de su madre.

Se preparó un café y se acomodó en el sillón. Pasó tardes enteras leyendo las páginas de aquel diario. Una nueva mujer comenzó a esbozarse en su imaginación. Su abuela no era ya aquella mujer desapegada y distante con la que había crecido. Comenzó a descubrir que había sido una mujer de fuertes principios, que había sido esa clase de persona que pone el pellejo para demostrar sus verdades. Guardó para sí misma este reciente hallazgo, y se encontró rechazando salidas para sumergirse a leer. Su abuela había viajado por el mundo entero, pero hubo un viaje que marcó el comienzo de todo… (continuará)

 

Mercado de Jodhpur, Rajastán, India. Gentileza: Wild Life Weeks

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