20 de Noviembre. Por la noche

Veía miradas de devoción y ojos cerrados igualmente devotos. Había peregrinos llegados de todas partes de India, y en medio de aquel mar de oración, estaba yo.

Me senté frente al estanque del templo dorado, en contemplación de mi propia vida. El cansancio me había llevado hasta ahí. El cansancio de procrastinar mis sueños, de verme frenada por mis propias dudas y de engañarme pensando que siempre habría tiempo.

Sikhs de barba larga y turbantes llamativos caminaban alrededor mío, algunas mujeres me convidaban su comida, y sobre el final de la tarde una niña se sentó conmigo. El ocaso me encontró sentada a orillas del estanque, con los ojos cerrados.

Regresé a mi habitación, y le escribí. Tal vez no le importara, o tal vez ni se acordara de mí. Pero sentí la necesidad de decírselo y sacármelo del pecho.

S***, tal vez no recuerdes aquella noche de lluvia en Buenos Aires. Tal vez la piel no guarde la memoria de esa tensión entre los dos, empapados, sabiendo que estábamos diciendo adiós pero deseando intensamente que alguno de los dos dijera lo contrario. Quiero que sepas que me inspiraste a salir al mundo, a verlo con mis propios ojos. Que me animé porque un día me escuchaste muy sereno y me dijiste que dejara de tener miedo. En el crisol de nuestra relación se debilitaron mis temores y mis dudas, y sin querer me instilaste una parte de la confianza que era tuya. Pasé mucho tiempo en silenciosa gratitud, pero hoy necesito decirte gracias, decirte que marcaste un punto de inflexión en mi vida. No hace falta que respondas. Si terminás de leer estas líneas con una sonrisa, entonces será suficiente.

Hay historias que por breves que hayan sido, te transforman. El Karma es como alquimia.

 

Templo Dorado en Amritsar, norte de India

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